Impacto de las pantallas en la infancia

¿Cuál es el impacto que está teniendo la sobreexposición a las pantallas en el desarrollo de los niños?

Lic. en Fonoaudiología Claudia Castillo

Las pantallas se han convertido en parte de nuestras vidas y de nuestros hijos. Informes recientes señalan que, desde la pandemia, el tiempo de exposición a las pantallas en los niños ha aumentado hasta aproximadamente un 52%.

Se han comprobado los efectos negativos que tiene el uso excesivo de dispositivos como celulares y tablet desde temprana edad. Un niño que está mucho tiempo frente a las pantallas tiene más probabilidades de tener problemas atencionales, dificultades en el lenguaje y en la regulación de su conducta.

El impacto negativo de las pantallas en el desarrollo cognitivo, lingüístico y social de los niños es altamente preocupante, a tal punto que la OMS recomienda nada de pantallas antes de los dos años. Después de los dos años no más de una hora diaria, y después de los cinco años no más de dos horas diarias.
Más tiempo favorece el sedentarismo, interfiere en la atención, la sociabilización, afecta la visión, aumenta la ansiedad, y genera debilidades en el lenguaje.


¿Por qué tantos niños están mostrando retrasos en el lenguaje?

Muchos estudios han demostrado que pasar más tiempo frente a las pantallas no ayuda al desarrollo del lenguaje y probablemente lo obstaculice.

Cada vez más profesionales de la salud nos estamos encontrando con niños de 2 o 3 años con importantes retrasos en el lenguaje. Se trata de un retraso en la adquisición del lenguaje como consecuencia de una exposición excesiva a las pantallas. Niños que han nacido o crecido durante la pandemia y que se han visto expuestos a mucho más tiempo delante de la pantalla que ninguna generación previa. Juegan con el celular, comen con el celular, se duermen con el celular.

Para poder desarrollar el lenguaje necesitamos de una predisposición biológica y de un ambiente que pueda propiciar diferentes estímulos que favorezcan el desarrollo de la comunicación.

El cerebro necesita variedad de estímulos para desarrollarse. El niño necesita jugar con otros niños, necesita moverse, ensuciarse, equivocarse. Aprendemos de la experiencia, de los múltiples estímulos que el medio nos ofrece y del contacto cara a cara con los demás.

El uso de ciertos dispositivos en edades tempranas limita las oportunidades de interacción entre el niño y sus adultos referentes, generando dificultades en la comunicación y en la socialización.

El abuso de estos dispositivos durante la infancia causa retrasos en el lenguaje, en el desarrollo cognitivo, e incluso incrementa la probabilidad de presentar dificultades atencionales y problemas escolares. Interfieren además en el desarrollo de la empatía, de sus habilidades sociales y en la posibilidad de resolver problemas, aspectos que se desarrollan durante el juego y la interacción con amigos.


¿Qué observamos en una consulta fonoaudiológica?

Cada vez ma´s llegan a consulta nin~os pequeños que esta´n mucho tiempo frente a pantallas.
Es común encontrarnos con niños que tienen escaso lenguaje, que les cuesta sostener la mirada, que se frustran con facilidad, que pierden rápidamente intere´s en los juegos y que su juego simbólico suele ser en base a videojuegos, o incluso vemos que algunos nunca jugaron a un juego de mesa. El abuso de las pantallas causa también irritabilidad y ansiedad, porque los niños se acostumbran a la inmediatez y les cuesta esperar.

Muchos niños pasean, comen, se acuestan y se despiertan con los estímulos visuales y sonoros de una pantalla pero sin el feed-back que proporciona la interacción con sus padres. Incluso en edades muy tempranas se expone a los niños frente a la pantalla para que coman o "se queden tranquilos".

Es alarmante ver cochecitos de bebé con el soporte para colocarles el teléfono celular.

El abuso de pantallas altera, según alertan los especialistas, el desarrollo natural del cerebro en los niños. Un cerebro inmaduro, expuesto a una gran cantidad de estímulos que no está preparado para procesar, genera efectos negativos en el desarrollo cognitivo, social y emocional del niño.

Las pantallas alteran el desarrollo del circuito de recompensa. Producen dopamina en altas cantidades y por eso generan adicción. Si a un adulto le sucede eso, mucho más afecta al cerebro de un niño.

Frente a esto, es fundamental orientar a las familias para utilizar menos pantallas y promover la interacción con el entorno, el juego creativo, la comunicación cara a cara y el desarrollo de habilidades sociales. Explicar la importancia de fomentar otras actividades, la lectura y los juegos que estimulen un crecimiento saludable.

Ahora bien, nosotros los adultos no debemos olvidarnos que somos el modelo que los niños siguen, con lo cual los adultos deberíamosmos reducir el uso de pantallas también.

La sobreexposición a pantallas reduce las situaciones de interacción entre los niños y sus cuidadores primarios, así como las oportunidades de juego en los que hay interacción social.


¿A qué edad los niños deberían empezar a usar las pantallas?

Estudios indican que los niños que comienzan a usar pantallas antes de los 2 años tienden a tener mayores dificultades lingüísticas y cognitivas posteriores.

Muchos padres se excusan aludiendo a que sus hijos sólo miran contenidos "educativos".

Las investigaciones sostienene que si bien los niños mayores pueden beneficiarse de los programas educativos, los niños menores de 2 años no se benefician de estos programas. No se encontró conexión entre el contenido que veían y sus habilidades lingüísticas.

El desarrollo del lenguaje se da en el marco de una interacción con otro. Las pantallas eliminan por completo esta posibilidad, generando grandes dificultades en el desarrollo lingüístico de los niños.

El lenguaje se desarrolla gracias a la interacción del niño con su entorno. Sus padres y cuidadores son los principales modelos lingüísticos y de la cantidad y calidad de las interacciones dependerá el adecuado desarrollo del lenguaje de los pequeños.

La mejor manera de ayudar a desarrollar el lenguaje en los niños es interactuar con ellos en las rutinas de la vida diaria. A la hora del baño, durante la comida, a la hora de dormir, son momentos importantísimos para agregar información verbal y no verbal que darán lugar al desarrollo del lenguaje.


¿Usar un celular para distraer a los niños que se aburren o lloran es una buena opción?

Hay situaciones en las que los niños pueden sentir enojo, aburrimiento, frustración, y lo manifiestan llorando, gritando o moviéndose. En muchas de esas situaciones es frecuente ver a los adultos dándole un celular o una tablet al niño para que "se calme".

Pero ¿realmente se calma? ¿Esa situación le sirve para aprender a identificar sus emociones y autorregular su conducta? Eso definitivamente no ayuda. No favorece el desarrollo de su lenguaje ni la posibilidad de que aprenda a autorregularse.

Si estos dispositivos se convierten en un método habitual para calmar o distraer a los niños, ellos no serán capaces de desarrollar sus propios mecanismos de autorregulación. Para ello, el niña necesita la interacción con otro ser humano. La mejor opción es tratar de escucharlos, validar sus emociones y calmarlos a través de las palabras.

Estar disponibles para acompañar la conciencia emocional y la autorregulación es una tarea difícil que lleva tiempo y paciencia, pero es fundamental para el desarrollo de los niños.


¿A qué señales debemos estar atentos como efectos negtivos de las pantallas?

  • Presentan dificultades o retrasos en el lenguaje.
  • Se irritan fácilmente al quitarle las pantallas.
  • Se aíslan o dejan de hacer cosas que antes disfrutaban.
  • Se aburren fácilmente y no saben qué hacer.
  • No aceptan otras propuestas de juegos.
  • Se ven influenciados por el modo de hablar de los youtubers y las publicidades.
  • Tienen ansias de comer cosas dulces o comer en exceso.
  • Les cuesta mucho conciliar el sueño.
  • Tienen dificultades para organizarse en el día a día. Se olvidan de las cosas.
  • Tienen dficultades para concentrarse.
  • El rendimiento escolar puede verse afectado.


¿Cómo podemos aprovechar el tiempo en pantallas para promover el lenguaje?

Las pantallas luego de los 2 años pueden usarse a nuestro favor y podemos disfrutarlas junto a nuestros hijos siempre y cuando seamos responsables y conscientes del uso que le estamos dando. Algunos estudios han demostrado que los niños que interactúan y hablan con sus padres mientras miran pantallas tienden a tener mejores habilidades lingüísticas.

¿Qué podemos hacer?

Prestar atención a lo que el niño está viendo, mostrando interés por los personajes o las situaciones que ocurren en el dibujito o película. Podemos hacer comentarios, cantar junto a ellos, elegir un personaje y dibujarlo, o buscar actividades que tengan que tengan como protagonista ese personaje (puzzles, cartas).
Mirar programas juntos y hablar sobre lo que ven puede ayudarlo a aprender cosas nuevas. Viendo solo pierde oportunidades para hacer preguntas o comentarios que se disparan durante una interacción.

Es importante no distraernos respondiendo mensajes o mirando otra cosa en paralelo. Debemos conectarnos con lo que está viendo el niño para que establecer una verdadera atención conjunta.
Debemos tratar de seguir las pautas recomendadas sobre los límites de tiempo de pantalla: la Academia Americana de Pediatría no recomienda el tiempo de pantalla para niños menores de 2 años y sugiere limitar el tiempo en pantallas para niños entre 2 y 5 años a una hora por día.

¡No nos olvidemos nunca de los libros y el tiempo de juego! Estos momentos deben estar siempre presentes y jamás deben ser reemplazados por el tiempo en pantallas.


¿Qué sugerencias se pueden ofrecer para el uso de pantallas en niños mayores de 5 años?

La etapa escolar es clave para enseñarles a los niños las habilidades digitales para una navegación segura en internet.

UNICEF recomienda establecer días y horarios específicos para su uso. El tiempo y contenido debe ser siempre monitoreado por el adulto. Cuando son más grandecitos, y más aún en la adolescencia, podemos reflexionar con ellos sobre la privacidad de los datos, el contenido que comparten y los vínculos en internet.
Los adultos debemos estar cerca, pero sobre todo, disponibles.

 

¿Qué podemos hacer los adultos?

Debemos comprender el impacto que las pantallas generan en nuestros niños.

La idea no es eliminar las pantallas, sino construir un entorno digital seguro y saludable. Utilizarlas con conciencia de sus riesgos y saber a qué edad podemos acercarlas a nuestros hijos. Entender que al entregar una pantalla a un niño debemos estar atentos a no perder las miradas, el encuentro, las conversaciones y el tiempo dedicado a otras actividades tan necesarias para su sano desarrollo.

Limitando el tiempo de exposición a los dispositivos electrónicos ayudamos a prevenir problemas de sueño, de atención y reducimos el riesgo de adicción a la tecnología.

Es necesario monitorear el tiempo y el contenido, pero también nosotros no estar distraídos ante ellas. Los adultos también vivimos en un mundo de estímulos constantes que recibimos de parte de estos dispositivos, que de alguna manera nos cercan a lo lejano y nos distancian de lo inmediato. No alcanza con estar presentes, debemos también estar disponibles para los niños, más observadores y atentos a su desarrollo.

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